Del papel a la pantalla y no morir en el intento

 

La crisis del papel tiene sus ventajas. ¿La clave para superarla? una buena dosis de pensamiento lateral.

En el pasado quedaron los días en que las enormes máquinas de impresión de los diarios del mundo, con su ruido frenético, creaban armonías ágiles, sin pausa, llenas de prisa por ser las primeras en sacar toneladas de papel periódico con tinta fresca hecha titulares y noticias.

Qué buenos tiempos aquellos en los que hojear el periódico antes de salir de casa, tomarme un zumo de naranja y empezar el día informada era una disciplina que disfrutaba, un bonito hábito que aprendí de mi padre.

El tema es que en esa época, en el atardecer de los noventas, yo no tenía un móvil decente (bueno, en realidad no tenía móvil), no existía Facebook,  Google aún quedaba en un garaje y las redes de banda ancha tenían la capacidad del diámetro de un bolígrafo. No tenía más opción, la oferta de los medios de comunicación era limitada.  

Lo cierto es que la realidad muchas veces supera la ficción.  La decadencia de la prensa, tan sedentaria, tan clásica y tradicional hasta la médula, tan intocable y tan cuarto poder, empezó un camino cuesta abajo sin estar preparada. 

¿Y qué tiene que ver esto con visitar el diario El País? Pues mucho. Conocer la redacción, la cadena de valor y la transformación digital en la que está navegando uno de los diarios más influyentes del mundo hispanoparlante, es una interesante aproximación a una industria poderosa que tuvo que apagar sus rotativas, transformar su modelo de negocio y poner en riesgo la calidad de su producto para no ahogarse en el mar de la competencia digital y las nuevas alternativas “periodísticas”.  

Ser grande no garantiza nada

Es un hecho: entre los cuatro principales diarios españoles (El País, ABC, El Mundo y La Razón) consiguen una difusión de aproximadamente 400.000 ejemplares al día, es decir, un poco menos a la que tenía El País en 2008, de 430.000. También es claro que este decrecimiento fue motivado por la crisis económica en 2008, que por defecto trajo consigo el descenso de la inversión publicitaria, la mayor fuente de ingresos de la prensa. 

Según datos de la Oficina para la Justificación de la Difusión, antes de la crisis, El País alcanzaba 435.000 ejemplares, El Mundo 336.000, ABC 230.000 y La Razón, 153.000 unidades. Eran 1,15 millones de ejemplares al día, es decir, un 65% más que en la actualidad.

Un informe de “i2p”, el termómetro que recoge la situación del mercado publicitario e indica las tendencias hacia el futuro, dice que los anunciantes invirtieron en 2007 un total de 1.991 millones de euros en la prensa diaria, mientras que 10 años después, tan sólo 523,1 millones. La inversión publicitaria se ha reducido casi el 75% durante la última década.  La crónica de una muerte anunciada a la que no le prestaron atención.

Pero ir cuesta abajo también pone alerta los sentidos, y en su descenso, El País agudizó su olfato y se incorporó, con el seniority que solo da la experiencia, en los nuevos formatos: más inmediatos, más light, más democráticos y gratis.

Un cliché que funciona muy bien

Tras tomar impulso en su propia reinvención, la innovación y la diversificación, el País sigue aumentando su penetración: más de 65 millones de lectores en todas sus ediciones. Con un poco más de 40 años en el mercado y “gracias a un continuo proceso de transformación, el diario se puede consultar hoy en múltiples formatos a través de numerosas narrativas. Del texto a la realidad virtual, pasando por el vídeo o los gráficos interactivos”, cuenta su sitio web.

Actualmente tiene más de 22 millones de seguidores en las principales redes sociales y el promedio mensual de reproducciones de sus vídeos supera los 140 millones, gracias a los Facebook Live.

La revolución tecnológica le ha beneficiado: ha conseguido un mayor alcance de difusión. Antes de que existiera la prensa online era improbable sentarse en una cafetería en Nueva York a leer un diario europeo, con actualizaciones en tiempo real a pesar de las 7 horas de diferencia. Lo que siempre he creído: el papel es un vehículo de difusión no un fin en sí mismo.

Donde manda capitán…

Según datos de comScore, El País es el medio más influyente de Internet en el mundo hispanohablante, con más de 34 millones de usuarios únicos al mes en todo el mundo: un 46% de esta audiencia es  internacional (79% en América Latina y Estados Unidos el 10%)

Más de 300 periodistas actualizan las cuatro ediciones online del diario: España, América, Brasil y elpais.cat, la edición del diario en catalán, y cuenta con redacciones en Madrid, Barcelona, México, Washington y Sao Paulo, así como una amplia red de corresponsales y colaboradores en el mundo.

Desde el inicio de esta reinvención ha pasado tan solo una década, años caóticos en los que “a trancas y barrancas” los medios de comunicación tradicionales han aprendido a sacar provecho de las bondades del pensamiento lateral para sintonizarse en una carrera hacia la innovación, sobre un escenario donde la tecnología, hace al mundo más democrático, más cambiante, tan incierto como inseguro.

Este “sacudón” trajo buenos resultados. Entre las luces y las sombras que suponen cualquier transformación, la digitalización abrió una puerta que sacó de la zona de confort a El País y lo puso contra la pared para decirle al oido: O te adaptas o mueres, ¿qué prefieres?

Todo tiempo presente, siempre es mejor

Tengo el privilegio de ser mitad análoga y mitad digital. Me enorgullece decir que leo libros impresos y escucho música en discos de vinilo y CDs, mientras converso con mis amigas por una pantalla que no repara en la distancia y la diferencia horaria que nos separa entre Santa Cruz de La Palma, Ciudad de México, Los Ángeles y Madrid.

Qué buenos son estos tiempos, en que aún disfruto el viejo hábito que aprendí de mi padre, mientras me tomo un zumo de naranja y empiezo el día haciendo “scroll” en mi móvil para leer noticias en varias apps de medios que me interesan de Europa y América.

Qué buenos son estos tiempos en que he olvidado un poco el olor del papel periódico con tinta fresca hecha titulares y noticias, y tengo la oportunidad de formar mi criterio en medio de la desmedida oferta… A veces peligrosa pero siempre retadora.