Parte III: Cómo gestionar la marca personal a través de los años

Entendida la teoría voy a ponerla en práctica. Esta vez soy el conejillo de Indias de mi propio invento en un ejercicio en el que aterricé lo bueno, lo malo y lo feo de la  puesta en escena de mi marca personal.

Observar y analizar cómo he construido mi marca personal en el transcurso de la vida es un ejercicio que ha requerido tiempo, flexibilidad, capacidad para escuchar y recibir feedback.  Mi motivación para escribir sobre este tema es confirmar si debería reposicionar mi marca personal: vivo en una ciudad nueva, con unas características diferentes y una cultura mas o menos parecida a la mía, en la cual quiero estabilizarme personal y profesionalmente. Por ello, busco redefinir mi espacio propio, mi territorio de poder.

También es mi regalo de cumpleaños, una celebración que esperaba emocionada. Han pasado 30 días desde mi aniversario y he terminado de plasmar los resultados de este ejercicio que me ha permitido reconocer cuál es el valor añadido que estoy dando a los demás, reflexionar sobre mis aspectos a mejorar mi comunicación y ponerme en valor para potenciar mi relación con los demás. Así finalizo la triada/trío/trilogía de textos sobre la comunicación de la marca y, ¡Aquí vamos!

Hace ocho días escribí sobre La marca personal como un generador de valor, y describí los aspectos para tener en cuenta a la hora de definirla para su puesta en escena. Destaqué que todos tenemos una marca, la hemos tenido, la tendremos siempre, y de cada uno depende si es fuerte o no. ¿Cómo saberlo? Conociendo la percepción de quienes interactúan con ella.

Las marcas personales fuertes tienen algo en común: una percepción positiva que se traduce en alta valoración y, por ende, buena reputación.  En este punto entendí que mi marca no es lo que pienso que soy per se, sino que es el resultado de mi relación con las personas que viven una experiencia personal, profesional o familiar conmigo. Acepto que algunas han sido memorables y otras para olvidar. Con el tiempo he comprendido que la oportunidad de exponer al mundo mi marca personal es única, irrepetible y no debo subestimarla. Mi responsabilidad es consolidarla haciendo que mi sentir-pensar-decir sean coherentes en mi hacer. La armonía de estos elementos permite que ocurra la magia.

 

La metodología

Vamos de lo general a lo particular. Para conocer el “performance” de mi marca personal es fundamental contrastar información. Lo hice definiendo todos los elementos que la conforman. Después, mi coach en esta parte del proceso se enfocó en conocer la percepción que los demás tenían sobre mí. Para llevar a cabo este punto definí mis públicos objetivos (familia, amigos, ex compañeros de trabajos, jefes, proveedores, clientes, socios, ex parejas y terapeutas). Con ellos se utilizaron un mix de técnicas de investigación cuantitativa (una encuesta online) y cualitativa (entrevistas en profundidad). El universo de la muestra lo conformaron 73 personas.

 

Re-definiendo la personalidad de mi marca

Inicié poniendo en marcha una especie de planeación estratégica para construir mi visión de futuro, la cual será viable si conozco mi realidad y determino el “estado del arte” de mi marca actualmente.  Así que me observé en 360 grados.  Comencé a  plasmar en una hoja en blanco quién soy, cuáles son mis atributos y mis valores, realicé un DOFA (o DAFO o FADO), establecí para qué tengo talento y por qué me pagarían.  Esta tarea fue clave porque mirar hacia dentro ha sido un desafío, y ser sincera conmigo me ha exigido tener mucha apertura y disposición.

El siguiente paso fue definir mis objetivos personales… Para evitar plantearme metas muy grandes y por ende inalcanzables, utilicé un modelo que funciona muy bien, los objetivos SMART: específicos, medibles, alcanzables, realistas y con fecha. Escribí lo que me apasiona, mis sueños y mi propuesta de valor. En este punto del proceso, el esmalte de mis uñas empezó a desaparecer porque aferrarme a ellas fue mi mecanismo de autocontrol mientras me observaba fuera de mi zona de confort.

Resalté con colores el posicionamiento que busco tener: el territorio que quiero ocupar y me diferencia, y finalicé definiendo los canales de comunicación con mi “target”. Así, mi marca empezó a tener una estructura clara y concisa.

Esta parte del proceso la afronté desde  la sinceridad, sin pretensiones ni postureos. Como no quiero perder el tiempo, decidí no engañarme definiéndome con adjetivos sobrevalorados o etéreos. Es decir, usé palabras concretas, fáciles de entender y con un significado universal. Por ejemplo, eliminé la palabra “cercana” y la reemplacé por “amigable”.  La “seriedad” la cambié por “comprometida”. Estos detalles aparentemente superficiales son los que marcan la diferencia porque las palabras tienen muchos matices y se pueden convertir en un pro o un contra según el ojo que las mire.

Soy consciente de que la fortaleza de mi marca personal depende del rigor que yo tenga para definirla correctamente. Como prefiero pecar por exceso que por defecto, seguí una recomendación para evitar equívocos: acompañar cada “gran palabra” que me define con un párrafo corto que describa lo que significa para mí.  Me costó mucho esta parte del ejercicio: es fácil caer en clichés que aunque suenan bonito, distraen, no son reales, no profundizan en aquello que realmente me da valor y no encaminan mi relato personal.

Para definirme, fue fundamental regresar al pasado, volver sobre mis pasos y detectar las características, hitos y recuerdos que han construido mi marca en su paso por el mundo.  Hay aspectos de mi niñez, mi adolescencia y mi adultez que confirman quien soy hoy.  Esa es mi esencia, lo importante, lo que permanece siempre, lo que brindo a los demás, la huella que marca mis relaciones con la gente. Es cierto que muchos aspectos han evolucionado con el tiempo, con la experiencia y las lecciones aprendidas.

 

Una mirada “express” a la evolución de mi marca personal

Mi primera década fue marcada por mi espontaneidad y mi energía. A los 8 años, tenía clarísimo que lo mío eran los certámenes de belleza: era simpática, habladora, imitaba a los cantantes de moda, hacía chistes en reuniones familiares y era el alma de la fiesta… Con rizos envidiables y pestañas de muñeca, participaba en cuanto certamen organizaban en mi barrio o en el colegio, y la mayoría los ganaba. Me gustaban los deportes y todo lo artístico, por eso mi mamá siempre me inscribía en clases de teatro, danzas, pintura y escuelas deportivas. Era una mezcla entre princesa y niño.

Me encantaba el inglés, por eso a los 9 años memoricé “Another day in the Paradise” de Phil Collins. Ahí nació la manía de sacar letras de canciones a oído. Por ese experimento pasaron desde Metallica hasta Led Zeppelin y Guns and Roses. Mi hermana Marcela era mi cómplice y “musicmate” para aprender las armonías de Civil War de los Gunners y Stairway to Heaven en flauta.  Pasábamos horas tratando de conseguir el sonido exacto.

Aunque era muy sociable, hacía muchas actividades sola y me sentía a gusto: jugar con muñecas, montar en bici y la mejor de todas: leer… Mi mamá estudiaba Literatura, por lo que en mi casa había libros en cada esquina. Yo los leía y algunos los repetía. El primero fue “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez y de ahí en adelante me devoraba lo que encontraba. Deportes, música y libros, siempre presentes.

Entré a la adolescencia y lo que más recuerdo es que era una estudiante promedio tirando a mala: perdía asignaturas y en octavo grado fui expulsada del colegio por indisciplina, mientras me confirmaban que no había cumplido los objetivos del año y que debía repetirlo. La buena noticia fue el reconocimiento que recibí por formar parte del equipo de voleibol que ganó un importante campeonato intercolegiado.

Durante mi adolescencia me sentía el patito feo de mi grupo de amigas, así que para ganar seguridad me centré en algo que mis amigas no aprovechaban: el poder de conversar y tener tema para hablar con una gran dosis de amabilidad. Esta habilidad me permitió tener muchos amigos que aún conservo. Esto me recuerda mi banda sonora de esos años, entre The Doors, Nirvana, Soda Stereo, U2, Stone Temple Pilots, The Cure y otra decena de cracks.

La etapa universitaria llegó. Con ella la responsabilidad y las grandes metas por alcanzar. En la Facultad de Comunicación y Periodismo de La Sabana, hice un grupo de amigos bastante particular con quienes aprendí a trabajar en equipo, a respetar la diferencia, el tiempo y la puntualidad como un valor en vía de extinción. Terminar las asignaturas para trabajar en el periódico más importante de Colombia se convirtió en mi principal objetivo. Lo logré.

Así fue como entre estudio y trabajo me aproximé a nuevos proyectos y oportunidades personales.  Buscar mi lugar en el mundo siempre fue una constante… Viajar, vivir sola en otros países, volver a casa y formar una familia me fortalecieron, me dieron una estructura y muchas lecciones aprendidas que hoy agradezco.

Hasta hoy muchas historias que contar, muchos valores que he redefinido con el paso de los años y mucha transformación y evolución para adaptarme al mundo en el que vivo.  La música siempre me ha acompañado, mi  hija es mi polo a tierra, mi mayor motor y una fotocopia mejorada de mí; mis padres y mi hermana son mi más grande apoyo; mis amigas y amigos mis cómplices. Las personas con quienes conecto se han convertido en puertas abiertas a nuevas oportunidades, a nuevos puntos de vista que me han inspirado a ser mejor persona.

 

Lo que yo creo  vs.  lo que la gente opina

Me sorprendieron los hallazgos en la percepción de la gente que formó parte de este experimento: muchas coincidieron y la valoración a atributos como “ayuda a otros a aprender y crecer”,  “tiene actitud de servicio”, “es reconocida en donde ha trabajado” y “la recuerdas constantemente” fueron las más altas… ¡WOW! Nunca lo había pensado. Al contrastar estos resultados con la declaración de mi marca personal hay similitudes: quiero servir a otros con mi conocimiento, con una buena actitud y crear soluciones que generen bienestar y transformación. Seguro la capacidad de entretener a mi familia cuando era niña y hacerlos reír, los valores que creé con mis colegas de la facultad como el respeto, la lealtad y dar lo mejor de mí, son parte de la columna vertebral de mi relación con los demás.

Sus respuestas también me dejaron ver que debo prestarle atención a mis aspectos por mejorar para sacar de ellos su potencial. El 35% opinó que debo darle a mi vida más pausas, disminuir el perfeccionismo y ser menos auto-exigente. Estos últimos aspectos los trabajo con dosis de meditación y otras técnicas para “estar presente”, en el presente. Seguramente, la niña lectora, la friki de la ortografía que aprendía canciones en inglés como una maniaca sería más feliz si sintiera más y pensara menos, si mostrara su sensibilidad sin miedo.

Me alegra coincidir con los encuestados en el posicionamiento que he construido. Piensan que lo que me diferencia es mi actitud frente a diferentes situaciones, la capacidad para hacer que las cosas pasen, el poder de materializar. Ahora me preguntó: ¿Debí perseverar en mi sueño de ser reina en certámenes de belleza?… Definitivamente, no. Mi amor y mi disciplina por el voleibol me hicieron perseverante, comprometida, a cumplir los objetivos del equipo, a entrenar constantemente y a darlo todo en la cancha.

Mi marca personal ha subido, ha bajado, ha dado giros inesperados, se ha mantenido y siempre se ha reinventado con las coyunturas a las que se enfrenta cada día.  Es dinámica y como escribió uno de los encuestados en su calidad de anónimo, es camaleónica y ecléctica, como el nombre de este blog, mi proyecto personal que quiero ver crecer generando conocimiento y valor.

Me sorprende saber que de forma intuitiva, he creado una marca personal coherente con los objetivos que quiero alcanzar, con el posicionamiento que quiero ocupar y con los atributos que en “momentos de verdad” me hacen ser diferente y dejan una huella importante para recordar. Siempre me ha costado trabajo aceptar públicamente mis virtudes, pero después de reconocer oficialmente mis fortalezas, detectar mis debilidades y ver las oportunidades para aprovechar, puedo buscar la excelencia y ser una mejor versión de mí.  Me ha quedado claro que lo que no se mide no se puede gestionar y si no se puede gestionar, no se puede mejorar.

Me emociona saber que mi relato, mi Storytelling está siendo percibido en la dirección que deseo. LO más importante: inspira a mis interlocutores buena actitud, a materializar, decidir, cambiar, transformar, a se auténticos, valientes… A reinventarse,  a tener ganas de aprender, a vivir con calidad humana, a ser empáticos, a transmitir confianza, proactividad, persistencia, lealtad….. Lo de mejorar, ya lo he apuntado para empezarlo a trabajar.

Entre aciertos y errores, a través de los años he ido aprendido a aceptar mi naturaleza, a abrazarla y sacar la luz que hay en ella. Lo bueno lo refuerzo, lo malo lo transformo y lo feo lo reinvento.  Me quedo con folios, chats, audios e e-mails llenos de información valiosa para capitalizar en mi proyecto de vida. Este experimento es más que una consultoría de marca: es un regalo, una terapia que recomiendo que realicen todos sin dudarlo.

Cierro mi regalo de cumpleaños recordando que la marca es aquello que los demás dicen de nosotros cuando no estamos presentes, esa es nuestra esencia y tenemos suerte si coincide con lo que estamos construyendo.

Me tardé mucho escribiendo este post… Ser conejillo de Indias no es una tarea fácil, sobre todo asumiendo un doble rol: de víctima y verdugo… Las gratificaciones que he recibido vienen por dos: con cada palo aprendo a mejorar, con cada zanahoria a creer en mí…  Y esta, es una de las más dulces zanahorias que recibí y quiero compartir:

Si tuviera que decir algo de ti cuando no estás, hablaría de la pasión y energía que sientes por la música, porque llevas ese beat en el corazón y cuando una persona tiene música en su alma simplemente es una persona distinta, una persona que va en armonía. Viajas por la vida con el espíritu del rock que es aquel que no se amedranta ante cualquier situación, que es capaz de vivir momentos de cambio con alegría y tratando de encontrar los aprendizajes que la vida tenga dispuestos para ti. Eso eres tú: ¡Puro espíritu musical, puro espíritu del rock!”

 

***Gracias a quienes colaboraron en este experimento y me regalaron un pedacito de su tiempo para responder los cuestionarios y las entrevistas. Gracias TOTALES a Carolina Tula, Natalia Ospina, Augusto Leiva y Lourdes Díaz-Maldonado por la guía, por cuestionarme y romperme los esquemas.